martes, 10 de agosto de 2010

Mi confrontación con la docencia


Mi nombre es Javier Oliverio Ramírez Saucedo, soy licenciado en Ciencias de la Comunicación, egresado de la Universidad Cuauhtémoc plantel Aguascalientes, he trabajado en algunas cuestiones relacionadas con mi carrera, por ejemplo, he participado en radio, organización de eventos televisivos, así como en staff técnico de diversos eventos (conciertos, presentaciones, etc.). Espero poder continuar con el desempeño de mi carrera independientemente de mi labor docente.
Soy el tercer hijo de un matrimonio de médicos familiares; nacido en la ciudad de Zacatecas el día 10 de Abril de 1979. Los primeros 4 años de mi vida transcurrieron en diferentes lugares del Estado, según cuentan mis papás, de los nombres de esos lugares  solo recuerdo en este momento 2: Florencia de Benito Juárez y Tepechitlán; ambos, me cuentan, ubicados en zonas ricas en flora y clima cálido.
Al quinto año de vida, mi familia y yo nos establecemos por fin en un lugar fijo: Ojocaliente, Zacatecas, en ese lugar cursé lo que es kínder, primaria y secundaria. Al finalizar la educación media, mis papás decidieron enviarme a la ciudad de Zacatecas para realizar mis estudios de bachillerato, los cuales hice en la preparatoria número 1 de la UAZ. Al concluir esto mis papás y yo decidimos que mi educación universitaria sería en la ciudad de Aguascalientes en la universidad antes mencionada.
Al concluir mi carrera universitaria, realizo estudios de maestría en la Unidad Académica de Docencia Superior de la Universidad Autónoma de Zacatecas; mientras se desarrolla mi estancia en la maestría (que por cierto se llama: maestría en filosofía e historia de las ideas), contraigo nupcias con mi actual esposa, y al poco tiempo y con un hijo en camino, tengo que suspender tales estudios.
Con la necesidad de trabajar ya, por obvias razones, solicito trabajo en el Instituto Electoral del Estado de Zacatecas (IEEZ), que, afortunadamente en ese año (2004), abrió la convocatoria para reclutar gente que trabajara como instructores-asistentes, haciendo las funciones de notificación y capacitación a ciudadanos para integrar las mesas directivas de casilla para el proceso electoral de ese año.
Mi primer contacto con la docencia se había dado: capacitar a ciudadanos de muy diferente nivel socioeconómico me enriqueció notablemente.


Un mes antes de concluir mi labor en el IEEZ, recibí una llamada de un conocido mío de muchos años ya; el motivo de la llamada era para invitarme a trabajar en mi actual empleo: el subsistema CECytEZ-EMSaD, desconocido entonces por mí, y que hasta la fecha no logro descifrar del todo. Mi encuentro con la docencia era inevitable.
Aún recuerdo, como si fuera sido ayer, el primer día de clases y yo como docente titular de las asignaturas del área de Lenguaje y Comunicación: comunidad rural, instalaciones prestadas (incómodas y no aptas para la labor educativa), cero infraestructura mínima, olvídense de un simple gis, un borrador, vaya, una herramienta apropiada y digna, nada.
En ese momento, tengo que confesar, creí que había sido un error haber aceptado este trabajo. Afortunadamente, todo ese malestar inicial se disipó cuando llegó el momento de dar clase, de ponerme delante de un grupo de jóvenes ganosos de recibir educación media superior, de superarse. Todo cambió y fue para bien, me sentí confortablemente en mi elemento, yo, pensé en determinado instante, había nacido para esto, me dije: dar clases es lo mío. Y también, ahora lo confieso, para mí dar clases es una cuestión narcisista: me gusta ser el centro de atención, me gusta y satisface sumamente explicar algo a alguien que me observa con interés y atención.
Desde entonces no he dejado de ser docente, he aprendido con mis alumnos, he aprendido que existen modelos pedagógicos, he oído hablar de procesos de enseñanza-aprendizaje, que la educación está cambiando, que la RIEMS, que las competencias, que la planeación y las secuencias didácticas, que la evaluación, que el constructivismo, en fin, yo que les puedo decir a ustedes de esto, lo único que tengo que decir al respecto es que son herramientas para mi trabajo docente, pero más que otra cosa son herramientas para mi compromiso docente.

1 comentario:

  1. Identificas un valor en la docencia, el compromiso, y bien el acabar de entender las instituciones y su docencia no es una tarea a plazo o a Reformas, es un constante aprender y las categorìas de anàlisis de la RIEMS que mencionas dan para mucho cambiar nuestro papel en el proceso de enseñanza y aprendizaje con la identificaciòn de nuestros atributos como docente y el compromiso de mejorarlos. bien Javier.

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